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ALGUIEN

quiero alguien con la mirada vacía
que huela a col con crema agria
que tenga poco o nada que decir
que nunca se calle
alguien fácil de olvidar

quiero alguien que se haya despedido mucho o muy poco
que sepa palabras en francés
que las diga sin saber qué significan
que se peine igual todos los días
alguien que me olvide fácil

quiero alguien que piense al revés
que no tenga una historia que contar
que no llore por las noches
que no sepa sufrir
alguien a quien no tenga que extrañar

quiero alguien que no sepa sonreír
que sus besos me sepan a ceniza
que tenga el pelo áspero
que sus ojos estén apagados
alguien imposible de amar

quiero alguien que no sepa volar
que se acueste siempre boca arriba
que duerma sin soñar
que no sepa cantar
alguien que se vaya a ir rápido

quiero alguien que nunca se pierda
que siempre llegue a tiempo
que planee cada paso y movimiento
que no le guste bailar
alguien a quien no tenga que esperar

quiero alguien sin imaginación
que nunca vea a la luna
que no cuente las estrellas
que se despierte fácilmente
alguien a quien no tenga que besar

LA SONRISA ESCONDIDA

Ella podría parecer una mujer cualquiera mientras camina por la calle o habla por teléfono. Tiene una belleza insuperable, al grado de ser considerada la mujer más hermosa del mundo por aquellos hombres capaces de sostenerle la mirada. Pero para el resto de la humanidad, que vive con los ojos fijos en el poder y la avaricia, su belleza no tiene tanta importancia.

Cuando te sientas a platicar con ella descubres en su mente un laberinto de ideas que va y viene entre lienzos blancos que ella misma se encarga de llenar con colores. Y si tienes suerte, en medio de la conversación te dejará ver su enorme corazón.

De sus ojos sale una luz que no tiene principio ni final, es como la que sale del faro que alumbra tus sueños por la noche para traerte de vuelta a casa. Cuando tu mirada se pierde en ellos pueden pasar dos segundos o mil años, es imposible contar el tiempo, es inútil.

Cada vez logras estar más y más cerca.

Llega un momento en el que tus manos te piden tocarla. La tienes al frente y no sabes por donde comenzar. Empiezas a sentir la suave piel de su rostro en tus manos y dudas de estar despierto, dudas de estar vivo. Es como sentir la ternura entre tus dedos, una sensación tan hermosa que no sabes qué hacer. Y entonces descubres su pelo. Ese interminable océano de hipnotizante perfume, y tus dedos naufragan en él como un velero suicida.

La tienes al frente y recuerdas aquella noche de verano en el jardín de tu tía cuando atrapaste una luciérnaga en un tarro de vidrio. Sientes el mismo afán queriendo salirse de tu pecho. La misma felicidad, la misma curiosidad. No sabes qué hacer para que te sorprenda con su brillo, no sabes dónde buscar y por eso la detallas completa y descubres su belleza. No sabes qué hacer y lo único que puedes hacer es sonreír, sale de ti una risa nerviosa, ansiosa. Y es en ese momento cuando sucede. Ella te mira a los ojos, la mirada es la misma, te ve con tanto amor como tú a ella y sucede, en un brillo mágico te devuelve la sonrisa. Una sonrisa que llevaba escondida, una sonrisa que es sólo para ti, una sonrisa sólida, tan real y tan hermosa que te descontrola y te abalanzas en su beso para poder sentirla, conocer su calor, su aroma, su sabor. Y descubres en ella ese lugar que tanto has buscado, ese norte para tu brújula, esa paz en tu mente.

A partir de ese momento todo es muy claro y no tienes otra ambición en el mundo más que verla sonreír.

Y ella te sonríe de vuelta.

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INSTRUCTIVO PARA SER FELIZ

1. Todas las noches voltear la mirada hacia arriba mirando al cielo y detallar la o las estrellas que se vean en el firmamento.
2. Si hay luna observarla durante más de 5 minutos con el propósito de notar su transitar sobre la tierra.
3. Si la luna no está llena, recordar que es nuestra propia sombra la que la hace ver así y agitar los brazos en el aire en un esfuerzo por distinguirte dentro de esa magnánima sombra.
4. Lleva siempre contigo un carrete de hilo blanco lo suficientemente largo para llegar al cielo.
5. Llevar siempre contigo y/o tener a la mano una escalera lo suficientemente larga como para llegar al cielo.
6. Cuando descubras una estrella que brille más que las demás, enamórate de ella.
7. Extiende la escalera a su máximo y toma la punta del hilo dejando el carrete rodar sobre la tierra.
8. Sube la escalera hasta llegar al cielo.
9. Amarra la punta del hilo a tu estrella y baja la escalera.
10. Una vez de vuelta en la tierra jala suavemente el hilo hasta que sientas la fuerza de gravedad de tu estrella jalándote un poco hacia ella. NOTA: debes sentir su fuerza de gravedad sólo un poco, es de tremenda importancia poder mantener los pies sobre la tierra.
11. Amarrar el otro extremo del hilo a tu muñeca, izquierda o derecha, es irrelevante.
12. Acompañar a tu estrella a todas partes, de día o de noche, siempre debes estar a su lado, así haga frío, así llueva a cántaros. Nunca dejes su lado. NOTA: si nunca dejas su lado, ella nunca dejará el tuyo.
13. No sólo debes acompañarla, debes cuidarla, protegerla de la luz y la oscuridad, del bien y del mal, que nada ni nadie sea capaz de hacerle daño, ni apagar su brillo.
14. Que no te importe otra cosa que no sea tu estrella.

NOTA: Si se siguen los 14 pasos al pie de la letra la estrella te sonreirá de vuelta. En ese momento habrás logrado ser feliz.

15. Sonríe.

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MIRADA DE PÁJARO

Su prominente nariz la hace tener mirada de pájaro.
También son sus ojos grandes como platos de luna a media noche, fijos en un punto lejano del recuerdo fingiendo que te ponen atención, lo que te distrae de su esbelta y redondeada figura humana.
Su movimiento es ligero y si le preguntas si sabe volar te responde con una sospechosa sonrisa a medias.
A veces te invita a pensar que en efecto sus ojos son más grandes que su cerebro pero en realidad lo único que quiere hacer es divertirse.
Revolotea por los aires montada en un par de tacones, juega a que es una jirafa pero su disfraz es más el de una avestruz.
Con su boca pintada te pide que le des un beso, pero ese rojo carmín se sale tanto de su anatomía que se lo das sólo esperando verla sin él y con las plumas desarregladas al otro día por la mañana.
Es una mujer con mirada de pájaro que se esfuerza mucho por parecer otra cosa.

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LLAMADAS PERDIDAS A MUJERES IMAGINARIAS

Me conseguí un número telefónico de esos que nadie contesta para poder llamar a mi mujer imaginaria. Cada que quiero hablar con ella lo marco y charlamos por horas.

Durante el día repito en mi cabeza una y otra vez lo que le quiero decir y, cuando contesta, se me olvida todo. Pero no importa, igual la hago reír, igual me hace reír.

Le pregunto si sabe cuando va a volver, cuando nos podremos ver de nuevo. Pero nunca contesta, siempre deja que mi pregunta resuene unos segundos en su silencio y cambia de tema.

No logro evitar sonreír cada que escucho su voz. Por eso siempre que hablo con ella se me olvida todo. Nada importa.

Tengo una mujer imaginaria que se alimenta de llamadas perdidas. Entre más la busque, y menos la encuentre, más fuerte crece, más imaginaria se vuelve.

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