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SIN TÍTULO (CARTA A MI MISMO)

Es igual a cuando caminas por la calle sin saber bien dónde estás. Sin saber hacia dónde vas o quieres ir. Completamente ignorante de tu proporción en comparación con las vidas que te pasan por un lado, las que dejas atrás y las que te imaginas que puedan llegar a existir.
No estás seguro de ser una persona pero estás seguro que no eres un animal, no importa lo que tu instinto te diga a media noche.
Y entonces recuerdas el sueño que tuviste anoche. Y el que quisiste tener. Te esforzaste tanto por soñar con ella que soñaste con la navidad, soñaste con sirenas.
Estás obsesionado con saber de ella, conocer sus ideas y meterte dentro de ellas. Pero lo único que quieres es olvidarla y volver en el tiempo hasta esta mañana y no dejar pasar ese bus que pudo haberte rescatado de este laberinto, de estas ganas, porque habemos hombres que lo único que queremos es amar y el mundo y su orden nos importan poco, nada.

…Pasan las horas y te das cuenta que no serviría de nada volver el tiempo atrás o borrarla de tu cabeza. Simplemente es y existe desde antes que tú lo hicieras. Y esa realidad es imposible de cambiar. Está escrita en piedra junto a ese beso que te trajo hasta este punto. Junto a esa tarde en la que te pusiste los pantalones vaqueros y te fuiste de la casa sin saber lo que estabas haciendo, sólo necesitándolo.
Desde entonces vives buscando las respuestas a esas preguntas que tienes tan definidas. Esas preguntas que te van a llevar a ese lugar con el que tantas veces has soñado.
Y te das cuenta, recuerdas, que cuando estás perdido lo importante no es dónde estás sino hacia dónde te diriges.

INTENTOS DE CARTA

Llevo tres días tratando de escribirte una carta. Este no es más que un nuevo intento. Pero no te preocupes, la termine o no, esta es una de esas cartas que nunca te entregaré.

Hace cinco años que no sentía lo que estoy sintiendo ahora, que no estallaba en mil pedazos cuando una mujer me miraba a los ojos…

Otro intento. Vuelvo a comenzar la carta:

Hola. Antes que cualquier cosa hay algo que debes saber de mi, tienes que saber lo difícil que es para mi hablar con mujeres como tú. Las ideas se me enredan y casi nunca digo lo que estoy pensando, casi nunca pienso lo que estoy diciendo. Pero afortunadamente, hace muchos años una mujer me enseñó a escribir.

Pocas veces en la vida me he topado con mujeres a las que ni siquiera sé qué escribirles. Llevo tres día tratando de escribirte una de esas cartas que nadie va a leer. Pero no he podido.

Quisiera poder expresar de alguna forma, la que fuera, todo lo que siento. Que te enteraras. Poder viajar atrás en el tiempo y…

Tercer intento del tercer día:

La real academia define la palabra “destiempo” de la siguiente forma: fuera de tiempo, sin oportunidad…

si tan sólo supieras que pienso en ti todo el día. Si tan sólo pudiera saber si tú alguna vez piensas en mi…

De nuevo:

[…] sociópata. […] nunca termine esta carta. […] tu nombre en voz alta y cuando me veas a los ojos, estallaré en mil pedazos y me aguantaré las ganas de gritar cuantas estrellas cuento en tu mirada…

SI FUERA UN ASTRONAUTA

Si fuera un astronauta me acostaría boca abajo y con los brazos abiertos en la superficie de la luna para poder abrazarte.
Orbitaría la tierra en un satélite para que sintieras lo mismo que yo cuando te veo pasar por mi ventana y aprendieras a amarme como yo a ti.
Te llevaría en un abrazo al espacio exterior para que me ayudaras a contar las estrellas y así poder repetir ese número cada vez que te viera a los ojos.
Te escribiría una carta antes de despegar, una nota suicida, confesando mi amor por ti y las ganas que tengo que este cohete no estalle y poder regresar a ti.
Si fuera un astronauta me recibirías con un abrazo a cada retorno.
Si fuera un astronauta tú serías mi amor y la fuerza de gravedad que siempre me traería de vuelta a casa.
Si tan sólo fuera un astronauta.

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QUISIERA SABER QUE DECIR

Quisiera saber que decir. Quisiera que esta carta ya estuviera escrita y no tener que despedirme de ti. Aunque esta no es la primera vez que trato de hacerlo y estoy seguro que no será la última. El problema es que nunca he sabido cómo hablarte, nunca he sabido cómo llegar a ti. Si alguna vez lo hice, las señales fueron tan sutiles que no me di cuenta. No logré distinguir de entre tus sonrisas esa que tanto esperaba, esa que te recordaba a mi cuando estabas a solas.

 

Llevo muchos años tratando de recuperar lo que alguna vez pudimos haber sido, esa amistad tan bonita, ese amor que estaba escrito en alguna parte, en un libro perdido en el estante olvidado de alguna biblioteca, en ese rincón de nuestras vidas a donde, por tantas cosas que pasaron, nunca llegamos.

 

Mucho tiempo muchas veces intenté recuperarte y creo que tú ni siquiera te diste cuenta. Siempre te me ibas como el agua entre los dedos. Y con la misma sed te volvía a buscar pero nunca supe retenerte. Siempre que regresaba a mi casa lo hacía con la sensación de haberte perdido, la misma con la que me despierto luego de haberte soñado, la misma con la que me subí a un avión hace ya casi un año.

 

Hoy solamente somos alguien que conocimos en algún otro momento, en otra vida. Estamos a miles de kilómetros de distancia sin saber que pasa del otro lado. Y así como aquí está lloviendo por tercera vez en el día, puede ser que tú estés en tu casa leyendo un libro, viendo una película, o estés dormida y todo esto no es más que un mal sueño.

 

Camino por las calles sin saber a quién tengo al lado. A pesar de estar a sólo unos pocos centímetros de distancia, no nos enteramos de lo que pasa en la vida de las demás personas. Seguramente eso pasaría si te tuviera aquí conmigo, por más que intentara no sabría qué está pasando en tu vida. Así como tampoco sabría que contestarte si me llegara tu respuesta a las cartas que te mando.

 

Estoy cansado de tanta nostalgia. Ya no quiero desvelarme pensando en ti. Ya no quiero soñar contigo. Ya no quiero llorar cada vez que necesite hablar con alguien y no te encuentre.

 

Sé que este adiós es un acto de cobardía. Sé que no te lo mereces. Pero no me imagino nuestras vidas de otra forma. Tú en tu mundo tienes muchas cosas por hacer, tienes mucho por vivir, algún día te vas a enamorar, tal vez te cases y tengas hijos. Como sea, lo último que necesitas son veinte cartas al mes, veinte intentos fallidos.

 

A mí en mi mundo me falta mucho por escribir y aunque sé que tu fantasma tampoco me va a dejar dormir, va a ser solo eso, un fantasma más. La vida me ha enseñado a vivir con ellos, a no tenerles miedo y estoy seguro que el  tuyo será mi mejor musa.

 

Espero que si nos volvemos a encontrar, en otra vida, me perdones por no haber sabido cómo conservarte y podamos volver a empezar. Si no nos volvemos a encontrar… quiero que sepas que eres lo mejor que me ha pasado. Que alguna vez dije que a mí nadie me había enseñado a hablar, pero que afortunadamente una mujer le enseñó a mi corazón a escribir y que esa mujer fuiste tú.

 

Pero espero volver a encontrarte, si no es en esta, que sea en otra vida, cuando ya estemos viejos, como en el sueño que tuve, y haya pasado tanto tiempo que nos cueste trabajo reconocernos. Mientras tanto yo seguiré buscando un rostro que me recuerde al tuyo, una sonrisa que me haga recordarte cuando esté a solas, alguien con quien hablar sin que se me quiebre la voz, sin que me tiemblen las manos, para poder contarle todo lo que siempre quise y nunca te pude contar.

 

P.D. No te preocupes por que otros lean esta carta, así como en el cuaderno de poemas que te regale taché todas las partes donde estaba escrito tu nombre.

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DÍA #9232

Quisiera que estuvieras aquí. Estoy perdido en medio de la nada. Cada que me asomo por mi ventana lo único que veo es un manto negro lleno de estrellas. Ninguna cerca.

No estoy seguro de seguir avanzando. Ni siquiera sé qué es arriba y qué es abajo. Quisiera poder tenerte aquí a mi lado y que fueras una brújula. Así como en los viejos tiempos cuando la gente viajaba en enormes barcos a través del mar. Siempre sabían a donde mirar, así fuera de día, así fuera de noche.

Hace dos días busqué por la ventana tratando de encontrar alguna constelación que me guiara, pero me fue imposible reconocerlas. Recuerdo con tristeza esas noches en el balcón de tu casa cuando tratabas de enseñarme las combinaciones de estrellas que formaban figuras mágicas. Yo te insistía en que no era necesario, que en mi viaje no me serviría de nada conocerlas. Te molestaba mucho que no te hiciera caso.

Ahora me arrepiento, aunque sé que estoy muy lejos de casa y me sería imposible ver las mismas constelaciones que ves tú desde tu balcón. Pero si te hubiera hecho caso no te hubieras alejado tanto de mi, no me hubiera ido sin despedirme. Y hoy por lo menos sabría qué es lo que estoy buscando a través de mi ventana.

Anoche tuve un sueño. El pequeño cohete en el que viajo pasaba frente a una nebulosa, una enorme mancha entre rosa y morado compuesta por miles de estrellas. Era tan hermosa como estar viendo directamente a tus ojos. Y nosotros (el cohete y yo) eramos tan pequeños en comparación a ella que ni siquiera se notaba nuestro movimiento, ni se alcanzaban a escuchar los centenares de ruidos que hacen los instrumentos de navegación.

Cuando desperté me asomé por la ventana, esperaba ver algo nuevo, pero el paisaje era el mismo. Sigo en medio del espacio, lejos de todas las estrellas, viajando a miles de kilómetros por segundo dentro de un cohete que pareciera estar quieto frente a la enormidad del universo. Soy un cosmonauta sin destino, sin ruta y sin mapa pero con un fin muy claro: volver a tu lado.

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MI ABUELO EL MAGO

El primer recuerdo que tengo de mi abuelo el mago es el de mi mamá llorando unas vacaciones en casa de mi tía. A él le acababa de dar un infarto a miles de kilómetros de allí. Pero como era mago distrajo a la muerte con uno de sus trucos y logró vivir veinte años más.
Pero a la muerte le gustó tanto su magia que constantemente lo llamaba para que le hiciera un truco o dos para después devolvérnoslo.
Hace cuatro días la muerte estaba tan aburrida que decidió que se quedara con ella para siempre.
Es poco lo que puedo recordar hoy de mi abuelo el mago. Muchos de esos recuerdos se confunden con lo que me hubiera gustado compartir con él. pero sin importar si son reales o imaginarios, en todos mis recuerdos estamos los dos solos y él me está enseñando un nuevo truco de magia, me está enseñando a burlarme de la muerte para así poder vivir un rato más. No se me ocurre mejor herencia que un abuelo le pueda dejar a su nieto.
Ahora la muerte me preocupa menos porque sé que hacer cuando me llegue el momento. Y si la muerte se da cuenta que no soy tan buen mago como mi abuelo el mago, tampoco me preocupa, porque ahora él me está esperando.
Hasta pronto abuelito.

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CARTA A UN FANTASMA REENCARNADO

¿Cómo puedes estar segura de haber presenciado el inicio de algo? No creo que exista tal momento. Todo es causa de alguna otra cosa. De algún otro momento. De alguna otra vida.

 

Tú crees recordar con precisión el momento en el que me enamoré de ti. Y entiendo perfectamente el origen de tu pensamiento. Es más, te puedo asegurar que si yo fuera tú, creería exactamente lo mismo, porque tú no me conocías. Pero yo sí recuerdo haberme enamorado de ti una vida entera hace un par de vidas. Cuando el mundo cabía en una ciudad, la ciudad más grande del mundo.

 

Una vida que me duró muy poco, que me arranqué de las manos muy lentamente. Una vida que compartí con gente que ya ha muerto y que ahora son sólo fantasmas que me siguen a donde vaya, que me recuerdan a ti.

 

En esa vida nací de mi propia confusión y de la necesidad de no volver a estar solo. Nací a tu lado, los dos desnudos y sin nada que temer. Con el palpitar de tu corazón como la única señal de que estábamos vivos.

 

Tú no lo recuerdas, pero en esa vida que vivimos juntos, en la que te llevaba flores cada semana, eso era lo único que teníamos, el palpitar de tu corazón. Y no me fue suficiente. Extrañaba esa sensación dentro del pecho, extrañaba sentirme vivo. Por eso me tuve que ir.

 

Nadie se sorprendió de mi decisión, ni siquiera tu corazón.

 

Y volví a nacer.

 

Nací de las ganas de volver a nacer. Fue otra vida corta. Morí en un avión.

 

No fue hace mucho que inicié esta nueva vida. Apenas estoy creciendo, aprendiendo a hablar, a caminar por mi propia cuenta. Y lo estoy logrando a pesar de soñar con el palpitar de tu corazón, a pesar de los fantasmas que nunca me dejan solo. A pesar de querer tanto volver a estar contigo.

 

Pero esta vida no es para estarla contigo, esta vida es para mí. Y me deberá bastar arrullarme con un pie que no se queda quieto, un apodo que cambia en cada frase, el recuerdo de tu palpitar y el de los dos desnudos cada noche.

CARTA DE UN HIJO A SU PADRE

La casa nunca se había visto tan bien. Tiene luz natural durante todo el día y no se encierra ningún olor.

Es cierto que cuando llueve se entra un poco el agua, pero aprovechamos para lavar los pisos y las paredes. La casa nunca había estado tan limpia.

Por las noches, cuando hace frío, nos tapamos con las cobijas que dejaste y nos acostamos a contar las estrellas. A veces lo hacemos en el cuarto de mamá, otras veces en mi cuarto o en el de Pablo que cada día nos sorprende más con esa imaginación suya. Cuando estamos en su cuarto nos divertimos más. Es capaz de encontrar cualquier figura en el cielo estrellado. En la casa nunca nadie había reído tanto como lo hacemos ahora.

Es verdad que nos haces falta. Si no te hubieras ido la casa no se vería así. Estaría toda oscura porque tendríamos las puertas y cortinas cerradas todo el día. Nadie hablaría, sólo mamá y para complacerte, nada más. Por las noches, en lugar de contar estrellas le contaría un cuento a Pablo para que no los escuchara pelear. Y, más tarde, me despertarían los sollozos de mamá en el baño.

La casa nunca había estado tan bien. Desde que te fuiste nadie llora.

La casa sigue estando igual de vieja. El jueves pasado, con la tormenta, el techo se vino abajo. Aún así, la casa nunca había estado tan bien.

Espero que estés muy bien, tan bien como nosotros sin ti Papá.

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