Archivos Mensuales: agosto 2015

Satélite

Ella se queda dormida en mi pecho. Su respiración toma un ritmo más pausado, ahora está respirando un aire distinto, está flotando en medio de un sueño bajo el agua.

Yo no puedo cerrar mis ojos. Respiro el frío de la noche acariciando su hermoso rostro con mi mano. Dibujo el contorno de sus ojos, su boca y sus mejillas con mis dedos. Como si fuera creación mía la dibujo a mi antojo y la convierto en la mujer más hermosa del mundo.

Cambia su respiración, pero no abre los ojos, cree que me está engañando. Pero soy yo el que la engaña y sigo dibujando su cara con mis dedos.

Eres la mujer más hermosa del mundo.

Se vuelve a acomodar en mi pecho escondiendo la mitad de la cara y abre sólo un ojo. Me observa en silencio con la inocencia de una niña que se despierta temprano el día de su cumpleaños. Deja que mi boca le lance un beso y el ojo corresponde con un parpadeo. No necesitamos hablar, ella sabe que es el ojo más hermoso del planeta, la mujer.

Afuera es de noche y no se ven las estrellas; sólo una masa negra sobre la gran ciudad y el parpadeo de un satélite trazando una línea recta sobre nosotros, dibujando este momento entre los dos. Dibujando nuestro amor que es como el parpadeo de un satélite.

Todos los días caminamos separados por la superficie de esta gran esfera que es el planeta tierra. Nos encontramos por la noche y nos quedamos pegados como si fuéramos dos imanes, amándonos. Duramos juntos lo que tarda en pasar el satélite sobre nosotros y nos volvemos a separar. Caminamos todo el día trazando una órbita elíptica alrededor de nuestra cama y en la noche nos volvemos a encontrar. Todas las mañanas nos volvemos a separar.

Caminamos en círculos con una inercia inevitable, una fuerza cuyo único propósito es ese momento en el que volvemos a estar juntos. Y esa es la misma fuerza que nos vuelve a lanzar a lados opuestos.

Y sigues siendo la mujer más hermosa del mundo.