Olvidarte

―¿Por qué desapareciste? Un día estabas aquí. Todos te veían sonreír como si no pudieran ver a otra parte. Y al otro día ya no estabas. Te fuiste. Todos siguieron sus vidas. Yo seguí la mía. Y sin ti a mi lado nadie se dio cuenta de mí. Poco a poco todos me fueron olvidando. Incluso yo me olvidé de mí. Pero a ti nunca te pude olvidar. Siempre estuviste ahí. Como ese sueño que crees recordar por la mañana.

―Tuve miedo. Eran muchas miradas sobre mí. Quise esconderme y lo hice. Me escondí bajo las narices de todos ellos. Bajo tus narices. Fue muy fácil lograr que dejaran de verme. Más fácil que atraer toda su atención. Tal vez nunca lo entiendas. No te pido que lo hagas. Sólo te pido que no me mires. Imagina que soy un par de palabras sueltas en un computador o en un teléfono móvil. No me veas. Sólo léeme. Porque yo soy quien lees. No soy quien ves.

―Quisiera verte. Dicen que la belleza es la promesa de la felicidad. Y he sido tan infeliz desde que te fuiste. Quisiera sonreír. Como esa vez en la tienda de té. ¿Lo recuerdas? Ese día fuimos felices. Ese momento. Ese segundo. Pareciera ser nada al lado de la vida que nos ha tocado vivir. Pero ese instante bastó para mostrarme lo que es la felicidad. Aunque después viniera la vida con toda su fuerza y nos tumbara al piso. O al cielo.

―Tú no quieres verme. Quieres besarme. Quieres hacerme el amor. Todo eso para después olvidarme. ¿Crees que así va a ser más fácil? Si lo haces. Me deshaces. Y después me olvidas. Voy a perderme en ti. Dejaré de ser yo para ser tu recuerdo olvidado. Me dejarás cautiva en el rincón de un diario. Escondida en una caja bajo el polvo. En una casa que ya nadie recuerda en qué calle queda. Y te voy a odiar.

―Olvidarte. Lo dices como si fuera fácil. Si quisiera olvidarte no te habría buscado. Si te hubiera olvidado nunca te habría encontrado. Olvidarte no es una opción. Dejar de respirar es una opción. Olvidarte es una de esas preguntas sin respuesta que se hacen los filósofos. Tan sólo quiero abrazarte. Como si fuera la primera vez. Doblar el tiempo. Volver a ese momento. A esa sonrisa. Volver a ti y que tú vuelvas a mi. Volver a ser lo que algún día fuimos. Ese nudo en la garganta. Ese vacío en el pecho. Esas ganas de algo que ni tú ni yo sabíamos qué era. Eso que fuimos antes de ser lo que ahora somos. Antes de tu desaparición. Antes de ser un pedazo de nada extrañándote por los pasillos de la casa.

―Mírame.

―Abrázame.

―Toma mi mano.

―Tómala con fuerza y no dejes que se vaya.

―No dejes que me vaya.

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