Una empanada vegetariana

La beauté n’est que la promesse du bonheur” -Stendhal

Hoy es jueves. Todos los jueves me como una empanada vegetariana antes de entrar a la universidad. Después entro a clase y ya, como si nada. Todo parece ser un día más, un día cualquiera, un día normal, un día sin ti.

Comienzo a tomar apuntes. El diálogo convencional con acotación intermedia seguida de punto. Y entonces me llega un olor. Creo que es el olor de la empanada. No, no de la empanada, soy yo el que huele así, después de haber comido la empanada. Pero no es un olor cualquiera, es algo más, casi como un perfume. Siento cómo me rodea, me envuelve, me cobija. De repente todo está bien. Ya nada importa y es todo gracias a ese verde, ese olor tan rico que… Entonces recuerdo la razón por la que me gusta tanto ese aroma: es tu perfume.

No sé cómo llegó hasta aquí. No sé si en realidad tiene algo que ver con la empanada vegetariana, pero eres tú. Estás sentada frente a mi, sobre la mesa, y me miras distraída. No sabes bien porqué estás aquí, pero me ves con tus enormes ojos y sonríes mi sonrisa favorita. Me levanto de mi silla y salgo al pasillo buscando el baño. Nunca voy al baño en la universidad, sólo quiero ver si eres capaz de seguirme, y lo haces. Nos quedamos en la mitad del quieto pasillo. Oliendonos.

hola, sigues aquí

(no dices nada, sólo me miras con el calor de tus ojos)

sabes que te quiero… te quiero mucho

(se hacen dos huequitos en tus mejillas como por arte de magia)

me encanta tenerte aquí conmigo, llevar tu perfume a todas partes

(levantas tus hombros y sonríes aún más, como si todo fuera, de una u otra forma, algo inevitable)

hace mucho que no hablamos, más bien, que yo no hablo, tú siempre te quedaste callada

(das un paso hacia el frente y acercas tu mejilla a la mía y poco a poco

tus labios van buscando los míos y los encuentran y me besas)

(mis ojos se llenan de lágrimas) extrañaba mucho tus besos

(dejas tu mano sobre una de mis mejillas y sonríes, tu perfume suspira

un te adoro que apenas alcanzamos a escuchar)

tus ojos, tu boca, toda tú, me fascinas…

( )

pero tengo que dejarte ir

(agachas tu cara)

(rodeo tu quijada con mis manos, como queriendo darte un beso, obligandote a

mirarme a los ojos) quiero volver a enamorarme

(frunces el ceño)

no pienses que he dejado de amarte, eso nunca va a pasar, incluso después de muerto te seguiré amando, bastará con que alguien lea mis palabras en voz alta

(tu sonrisa, tu perfume)

te amo, pero quiero volver a enamorarme y eso es un juego al que tú y yo ya no podemos jugar

(con tu mirada intentas hacerme creer que no entiendes)

quiero darte las gracias por la ilusión que me diste, la esperanza de felicidad, gracias por tu belleza y tu sonrisa, gracias… por salvarme la vida

(vuelves y me besas con el calor de tus labios y el aroma de tu

perfume, vuelves y sonríes… y desapareces)

 

Pensaba escribirte una carta, tu nombre al inicio de la hoja y dos puntos. Pero preferí contarte un cuento de cómo te encuentro de vez en cuando en mi vida, de cómo te llevo siempre conmigo. De cómo siempre que pienso, pienso en ti.

Voy a volver a enamorarme porque puedo estar seguro de que ahí estarás cuando eso termine, y porque es algo que necesito para seguir respirando.

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