Archivos Mensuales: octubre 2014

La Micro-Atmósfera de las Ideas

Desapareciste. Era de noche y de repente ya no eras. Te disolviste y te hiciste una, no con la oscuridad de la noche, no, te uniste al aire, a ese velo blanco que flota entre el negro de la noche y lo blanco del ojo. Siento que, aunque estés tan lejos, te sigo respirando, tu perfume se mezcla con el inexistente aroma de las flores cerradas y con la voz de una niña que desde lo alto de una torre le pide a los monstruos bajo su cama que la dejen dormir.

Así eres tú, huidiza como la nieve que se espolvoréa en copos y se mete en una tormenta para pasar rápido a mi lado y pretender que no me viste. Eres tú y no eres nada. Allá afuera no existes, te creas en esa pequeña capa micro-atmosférica que hay entre mis ideas y el mundo exterior, te materializas en estas letras y en los recuerdos que te tengo inventados. Por eso te escribo lento, para que empieces a existir pronto.

Pero termino y me doy cuenta de que soy yo el que no existe y nunca he existido, soy un invento tuyo, y uno malo. Nunca supiste, ni sabrás, qué hacer conmigo, por eso me tienes escribiéndote, inventándote, destruyéndote.

Te pediría que no me buscaras, pero ¿cómo una idea deja de buscar a otra idea? En dónde están si no es en el negro de la noche.

El psicólogo dice que soy yo, que de mi depende que desaparezcas. Y hay un niño un poco estúpido que dice que no quiere dejarte ir. Pero las ideas no tienen voluntad, sólo son y si se encuentran con una piedra, no se estrellan contra ella, la atraviesan, se alimentan de ella y vuelven a ser la misma piedra, la que siempre fue, desde el principio. Porque hace mucho tiempo el centro del universo estalló en miles de millones de ideas, polvo cósmico, y de ahí se formaron las galaxias y las estrellas. En ese mismo momento nos formamos tú y yo, nos crearon al mismo tiempo, en el mismo segundo, un solo estallido. Y nos vinimos a encontrar en este planeta donde las demás ideas creen que existen porque hacen, porque son, porque tocan.

Pero tú y yo somos más, no somos nada. Somos un pedazo de universo, el más pequeño, y allí existimos, aunque este mundo de afuera no nos quiera ver juntos, aunque en este mundo de afuera tú estés allá y yo acá.

¿Pero para qué te digo todo esto si tú estás afuera y no existes?

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Una empanada vegetariana

La beauté n’est que la promesse du bonheur” -Stendhal

Hoy es jueves. Todos los jueves me como una empanada vegetariana antes de entrar a la universidad. Después entro a clase y ya, como si nada. Todo parece ser un día más, un día cualquiera, un día normal, un día sin ti.

Comienzo a tomar apuntes. El diálogo convencional con acotación intermedia seguida de punto. Y entonces me llega un olor. Creo que es el olor de la empanada. No, no de la empanada, soy yo el que huele así, después de haber comido la empanada. Pero no es un olor cualquiera, es algo más, casi como un perfume. Siento cómo me rodea, me envuelve, me cobija. De repente todo está bien. Ya nada importa y es todo gracias a ese verde, ese olor tan rico que… Entonces recuerdo la razón por la que me gusta tanto ese aroma: es tu perfume.

No sé cómo llegó hasta aquí. No sé si en realidad tiene algo que ver con la empanada vegetariana, pero eres tú. Estás sentada frente a mi, sobre la mesa, y me miras distraída. No sabes bien porqué estás aquí, pero me ves con tus enormes ojos y sonríes mi sonrisa favorita. Me levanto de mi silla y salgo al pasillo buscando el baño. Nunca voy al baño en la universidad, sólo quiero ver si eres capaz de seguirme, y lo haces. Nos quedamos en la mitad del quieto pasillo. Oliendonos.

hola, sigues aquí

(no dices nada, sólo me miras con el calor de tus ojos)

sabes que te quiero… te quiero mucho

(se hacen dos huequitos en tus mejillas como por arte de magia)

me encanta tenerte aquí conmigo, llevar tu perfume a todas partes

(levantas tus hombros y sonríes aún más, como si todo fuera, de una u otra forma, algo inevitable)

hace mucho que no hablamos, más bien, que yo no hablo, tú siempre te quedaste callada

(das un paso hacia el frente y acercas tu mejilla a la mía y poco a poco

tus labios van buscando los míos y los encuentran y me besas)

(mis ojos se llenan de lágrimas) extrañaba mucho tus besos

(dejas tu mano sobre una de mis mejillas y sonríes, tu perfume suspira

un te adoro que apenas alcanzamos a escuchar)

tus ojos, tu boca, toda tú, me fascinas…

( )

pero tengo que dejarte ir

(agachas tu cara)

(rodeo tu quijada con mis manos, como queriendo darte un beso, obligandote a

mirarme a los ojos) quiero volver a enamorarme

(frunces el ceño)

no pienses que he dejado de amarte, eso nunca va a pasar, incluso después de muerto te seguiré amando, bastará con que alguien lea mis palabras en voz alta

(tu sonrisa, tu perfume)

te amo, pero quiero volver a enamorarme y eso es un juego al que tú y yo ya no podemos jugar

(con tu mirada intentas hacerme creer que no entiendes)

quiero darte las gracias por la ilusión que me diste, la esperanza de felicidad, gracias por tu belleza y tu sonrisa, gracias… por salvarme la vida

(vuelves y me besas con el calor de tus labios y el aroma de tu

perfume, vuelves y sonríes… y desapareces)

 

Pensaba escribirte una carta, tu nombre al inicio de la hoja y dos puntos. Pero preferí contarte un cuento de cómo te encuentro de vez en cuando en mi vida, de cómo te llevo siempre conmigo. De cómo siempre que pienso, pienso en ti.

Voy a volver a enamorarme porque puedo estar seguro de que ahí estarás cuando eso termine, y porque es algo que necesito para seguir respirando.

¡mira!, un puedco en el cielo

a pesar de lo que la mayoría cree (o quiere creer), el amor está en las palabras:

las que se gritan desde lejos

las que se hablan viéndose a los ojos

las que se susurran al oído

las que se escriben en cartas que nunca son entregadas

las que se escriben en cartas que nunca son contestadas

las que se escriben en los cuentos

las que cuentan toda una novela

el amor es producto del imaginario del ser humano; por eso cuando tratas de demostrarlo o quieres que te lo demuestren siempre alguien sale decepcionado.

así que mejor te lo dejo en mis palabras y, si algún día crees que te lo estoy demostrando, mejor piensa en otra cosa, mira al cielo y encuentra la forma de un puedco en una nube así como yo lo hago, para que ninguno de los dos salga decepcionado con este amor que nos tenemos.

y si algún otro día crees que se lo estoy demostrando a otra mujer, fíjate bien, porque ella no estará buscando puedcos en el cielo…

tampoco leerá palabras de amor en mis letras, porque todas son para ti.