Archivos Mensuales: septiembre 2014

La Otra Alicia

Desde abajo, donde Carlos estaba, ella parecía ser una mujer, pero tan sólo era una niña. Tuvo que acercarse unos pasos más para darse cuenta de su error. Caminaba con la inercia que había iniciado a las seis de la tarde al salir del trabajo. Era el mismo movimiento que había continuado en el autobús de regreso a casa y que, una hora antes, lo había hecho entrar y salir del apartamento como un resorte, seguido por su perro, una bestia orejona y blanca como la niebla.

De vuelta a casa, luego de un paseo nocturno, su perro se adelantó escaleras arriba a la entrada del edificio. Fue ahí cuando la vio.

Lo segundo que conoció de ella fue su voz: Ay que lindo. ¿Cómo estás nene? ¿Cómo te llamas? En ese momento, como buscando una respuesta, como queriendo responder, sus miradas se encontraron por primera vez.

Un par de horas después, pensó en la conexión que se había generado en esa mirada, y se preguntó si había sido algo momentáneo, si había dejado de existir o si permanecía y ella pensaba en él.

En ese mismo momento, acostada en su cama, viendo al techo, ella recordaba el encuentro: Santo, dijo Carlos. ¿Cómo?, le repitió que su perro se llamaba Santo… ahí mismo terminó la conversación y él siguió su movimiento hasta su apartamento.

Ella nunca se había sentido estúpida en la presencia de un hombre, ¡por más que le gustara! Pero había algo en él que la paralizaba. Era como si su mirada la hubiera atravesado, aunque no del todo. Sus ojos se habían quedado clavados en un punto entre sus recién crecidos senos y su ombligo, como si la estuviera viendo por dentro, sentía un calor, unas ganas… quería que la viera por dentro.

Carlos por su lado, lo único que tenía seguro era que ella sería la protagonista de su próxima novela. Pensó que así se debió sentir el viejo Lewis en presencia de Alicia.

…si tan sólo supiera su nombre, podría sentarse a escribir en este mismo momento.

Con los ojos cerrados

Salió de la casa cansado, hastiado, de todo: de él mismo, de la realidad, de ella, de estar despierto, tan despierto…

Al inicio la calle estaba vacía, estaban solos, el frío, el sol de la mañana y él. Caminaba sin prisa, sin rumbo mayor a una línea recta. No quería llegar a ninguna parte, sólo quería despejar su mente. Olvidarse de ella.

Empezó a ver otras personas, todas caminando en sentido contrario al suyo. Eran pocas, fáciles  de esquivar. Aunque no podía alejarse del ruido que hacían, los zapatos contra el concreto de la calle, las monedas en sus bolsillos, la respiración sin ritmo que todos se organizaban para tener al mismo tiempo (a destiempo). Pero sobre todo sus voces, no podía tolerar sus voces.

Pensó en una canción y comenzó a tararearla con rabia en su cabeza… no era suficiente, comenzó a cantarla …drop the, devil, to his, kneeees, amonna drop the, devil, to his, kneees… Sintió un peso que nacía en uno de sus bolsillos y encontró su reproductor de música convenientemente conectado a un par de audífonos. Música > Artístas > Dave Matthews (Live) > Live in Las Vegas > EH HEE. Subió todo el volumen y las guitarras de Dave y Tim comenzaron a retumbar en su pecho.

Eh hee yeah amonnaya, yeah ah yeah amonna, yeah eh hee yeah amonnaya

Y la realidad se volvió un poco más tolerable. Pero al mismo tiempo empezaron a salir más personas, de todas partes, del suelo, de las paredes, de las sombras de las otras personas, todos yendo hacia el otro lado. Eran tantos que empezaban a estorbarle, chocaban hombro con hombro, unos con más fuerza, como queriendo que cambiara de dirección, como si estuviera yendo hacia el lado equivocado.

praise god who has many names, but the devil have many more… with the love that ma mother gave me amonn drop the devil to the floor

…sus caras le estorbaban, todos tenían dos ojos, igual que ella; todos tenían nariz y respiraban, igual que ella; todos tenían otras cosas que hacer, igual que ella; todos le recordaban a ella, igual que ella…

yeah eh hee yeah amonnaya yeahamonna drop the, devil, to his, knees, drop, the, devil, to his knees

Cerró los ojos, no podía verlos un segundo más.

with the love that ma mother gave me

amonna drop the, devil, to his, knees

Quería salir de ahí, salir de ella, dejarla atrás. Comenzó a correr. Pero la gente no lo dejaba avanzar. Comenzó a empujar. A correr. Y a empujar… drop the… a correr… devil… y a empujar… to his… a correr… knees… a correr… amonna drop the… y correr… devil… correr… to his… correr… kneeeees

El golpe lo detuvo en seco, no rebotó, se quedó inmóvil con la cara estrellada contra el muro y la sangre y las lágrimas escurriendo de su nariz y su boca y sus ojos. ¿Porqué no lo dejan salir? El sólo quiere irse, ya no quiere más estar aquí… yeah eh hee yeah amonnaya… su cuerpo se sobrecargó de adrenalina al ritmo de las guitarras y sus manos comenzaron a golpear el muro… amonnaya… golpe… yeah eh heee yeah… golpe… amonnaya… golpe… drop the… golpe, golpe… devil… golpe… to his… golpe… kneeeeees… golpe, golpe, golpe, golpe.

La sangre ahora salía de sus puños mientras él gritaba y las lágrimas empapaban el muro ablandándolo un poco.

Lo estaba rompiendo, estaba llegando al otro lado, podía sentir el aire que soplaba en su misma dirección, y la gente seguía pasando a su lado sin mirarlo, seguían su camino hacia el lado contrario como vacas sin saber a dónde van.

there’s always someone who’ll try to convince you that they know the answer no matter the question, be wary of those who believe in a neat, little world ´cause it’s just fucking crazy, you know that it is

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LIBERTANGO

los ladrillos atrapados en el muro por las enormes letras grafiteadas en distintos colores. La luz del alumbrado público pintada en medios círculos avanzaba a lo largo de toda la pared…

…luz, penumbra

luz, penumbra

penumbra (un bombillo roto)

luz (una mancha de sangre sobre una F color verde)

penumbra

luz (un pie desnudo y otro con su zapato, ambos inertes)

penumbra (el resto del cadáver)

luz, penumbra

luz (un charco de lágrimas bajo los pies de una niña)

penumbra (se termina la calle pero el muro da vuelta sobre la esquina hacia el sur y continúa)

luz, penumbra, Penumbra, PENUMBRA (un arma tirada entre el pavimento y el andén),

luz

luz (roja)

luz (azul)

luz (roja)

luz (azul)

penumbra, luz, penumbra…

Quesos

Estaba sentado en una mesita de un café en alguna ciudad de Europa. Lo sé gracias a lo visto en las películas. ¡Quesos! ¡Quesos!, pasó gritando una señora con un vestido azul y una enorme canasta bajo el brazo. ¿De cuáles?, le pregunté de forma automática.

El queso siempre había sido una especie de engrudo en nuestra relación. Si peleábamos, yo al otro día llegaba a casa de ella con una tabla de quesos en vez de flores. Después del sexo ella corría desnuda a la cocina a por un poco de queso. Una vez en un hotel, con poco aliento en su voz, llamó a servicio al cuarto a pedir queso, cualquiera. Disculpe señorita, en este hotel no hay servicio a la habitación. Tampoco había cocina, resolvimos salir a la calle en busca de queso. Lo único cubriéndonos eran las toallas con la insignia del hotel. No tienen servicio al cuarto, ¿puede creerlo?, le dijo al señor de la tienda. Nos veía con disimulo perplejo mientras pesaba trescientos gramos de queso.

Por eso respondí de manera tan inmediata al grito de ¡Quesos! de aquella señora, me parecía apenas apropiado tener un poco de queso en nuestra cita. Un queso madurado, así como los cinco años de silencio vividos desde la tarde cuando decidimos, es lo mejor para los dos. Una tarde sin queso.

Compré tres quesos distintos, uno para la cita, otro para después ahogar mis penas, sólo si era ese tipo de cita, y el tercero era de un precio difícil de rechazar. Me senté a esperarla en la mesita del café con mis tres quesos sobre la mesa. En eso estaba, esperando, cuando llegó y se sentó frente a mi. Estaba tan hermosa como la última vez, como siempre. Sonrió al ver los quesos en la mesa y comenzamos a hablar.

¡Quesos! ¡Quesos! pasó gritando la vendedora de vestido azul y una gran canasta bajo el brazo.

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(M)Orfeo

Estás sentado en el borde de la cama, la luz del atardecer se asoma por la ventana pintando todo color ámbar. Las sombras se alargan por el piso y llegan confusas a las paredes. Tu sueño está terminando, y lo sabes. Pero no quieres despertar, detrás de ti sientes la presencia de una mujer que duerme desnuda en la cama, es la mujer a la que tanto habías buscado.

Te sorprende que ella pueda estar durmiendo, tendrían que estar aprovechando estos últimos minutos juntos. Pasas tu mano por las sábanas blancas hasta que te encuentras con su mano. La acaricias mientras tu corazón se acelera con la felicidad de estar por fin tan cerca.

La luz de la habitación se torna un tanto más amarilla y en ese momento los dioses te hablan al oído. Dicen que están conmovidos por el amor que sientes por ella, y por eso te van a dejar llevarla fuera del mundo de los sueños. Debes emprender un camino que te llevará de vuelta a la realidad y ella te seguirá, lo único que debes hacer es creer y salir de allí sin mirar atrás, porque si volteas tu mirada, si la buscas, ella desaparecerá y nunca más volverás a verla.

 

El vaivén del autobús distrae tus pensamientos. Sabes que esta mañana estabas soñando algo antes de despertar pero no logras recordarlo, sólo te quedó una sensación, la de estar acariciando una mano, la piel suave de la mano de una mujer.

Próxima parada Mallorca

Entonces recuerdas, ¿dónde está? Volteas a buscarla y la encuentras detrás de ti, la mujer más hermosa a la que jamás hayas visto, estiras tus manos y las pones sobre sus mejillas, te inclinas a besar sus labios y justo en el momento en el que hacen contacto, ella desaparece.


Cuando despiertas, la cama está vacía a tu lado, igual que siempre.

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La Luz

El día en que murió la abuela fue el último día que su perfume flotó por los pasillos y habitaciones de la casa. Cuando se la llevaron los hombres del servicio funerario, se llevaron su aroma con ella, como si lo tuviera atado a su cuerpo. Desde entonces me encontraba con ese olor abriendo algún cajón o en un armario viejo. A veces me atravesaba, como si fuera un fantasma, mientras caminaba de mi habitación a la cocina o de la cocina a mi habitación. De alguna u otra forma la abuela seguía haciéndose presente en mi vida.

Tal vez fue por eso que cuando su perfume me despertó una madrugada no me pregunté de dónde venía, no me pareció extraño. Me paré de la cama y fui al baño de forma automática sin encender la luz. Cuando estaba parado frente al retrete, haciendo lo mío, escuché un ruido que venía de la parte de atrás de la casa, más allá del patio, tal vez de la casa de algún vecino. Salí del baño y por el rabillo del ojo vi una luz encendida en el patio.

La abuela pasaba noches enteras trabajando en sus proyectos en el pequeño taller que habíamos construído en el fondo del patio. Nadie había entrado allí desde que su enfermedad la postró en la cama y yo no me había atrevido a hacerlo después de su muerte.

La luz brillaba fuerte en medio de la noche, sentí el perfume de la abuela que se dibujaba por el aire a través de la casa guiándome hasta allá, y lo seguí. Abrí la puerta del taller y dentro encontré a una mujer muy hermosa, muy joven, parecía tener tan sólo veintitrés o veinticuatro años, no los noventa y tantos que tenía el día de su muerte.

Entonces mi abuela me miró con sus ojos grises y dijo con una sonrisa: Hola mijo, vengo a contarte una historia que no vas a poder creer.