Archivos Mensuales: junio 2014

Un rayo de luz

Siento que debí haber hecho esto mucho antes, tal vez desde el principio… de tantas veces que no lo he hecho siento como si esto nunca hubiera sido. Pero hoy me tuve que sentar a escribirte:

“una mujer es un pedazo de realidad que siempre quiso ser imaginario… o un pedazo de imaginación que fue obligado a ser real… de la forma que sea, cada mujer es un pedazo de realidad mezclado con un pedacito de imaginación”

Un poco de poesía que nunca quiso ser poesía, que nunca quiso ser nada y que, de alguna u otra forma, terminó siendo un inicio, el inicio de tu historia poética en mi cabeza, una historia que sólo puede comenzar de una manera y terminar de una manera. Siempre con un beso. Aunque si lo pienso, no creo estar seguro de saber cuál fue el beso que comenzó todo esto. Creo que fue uno de nuestras manos, de las puntas de nuestros dedos, de esas ganas de que nunca se soltaran y ser un solo momento, un solo espacio, sin que nadie, ni tú ni yo, interviniéramos en ello.

Un momento que nunca sucedió, un beso que nunca se besó. Creo que ese siempre es y siempre será el inicio de una historia poética. Porque lo que no tenemos es lo que más deseamos… ojalá pudiéramos quedarnos por siempre en ese beso que nunca pasó para vivir esta historia justo y como se escribió en ese instante. Porque unos días más tarde, cuando nos dimos un beso que nunca fue escrito, un beso que sucedió sin mayor poética más que la erótica de su momento, la poesía ya estaba escribiendo por sobre nuestra historia, y era un poema distinto, unos versos/besos que podrían durar para siempre o tan solo un segundo, pero lo que fuese que durasen, por poco que fuese, sería más de lo que duró ese microsegundo del beso que no nos dimos.

Y la poesía, cuando dura para siempre, crece, se estira y endurece, se hace vieja al punto de madurar tanto que se convierte en algo real, tan real como una noticia en un periódico, como una pulga en un perro que no deja de rascarse, como una señal de advertencia en un vaso con café o una dirección a la que la única forma de llegar es desconociéndola.

Quisiera tanto que me duraras para siempre que deseo haberte perdido en el mismo instante en el que te volviste un ocupante más de este mundo del que sólo se puede despertar volviendo cinco veces del mismo sueño. O mejor aún, poder volver a ese momento y repetir esa centésima de segundo una y otra vez hasta que se convirtiera en una caricia, en un fragmento, en un pedazo de algo, en un rayo de luz que va por el silencio del universo haciendo tanto ruido que nadie sería capaz de vernos escapar de este mundo donde todo es tan real que el hecho de que me leas no significa nada aunque signifique algo, lo que sea.

Quedémonos en silencio y con las luces apagadas y hagamos como si fuéramos ese rayo de luz, ese instante en el que el roce de tus manos se puso a escribir nuestra historia poética.

Anuncios