EL PEZ DE CAMILA (parte 2)

Camila nunca está sola. A donde quiera que va lleva una bolsita plástica con la proporción perfecta entre agua y aire para asegurar la supervivencia de un pequeño pez amarillo.

Un pez amarillo llamado Camilo que la ha acompañado desde que ella tenía cuatro años.

Su papá la llevó un sábado por la mañana a una tienda de mascotas para que escogiera la que ella quisiera. Su amigo imaginario había desaparecido hacía dos días dejando un hueco en su vida que hacía falta llenar.

En un principio hacían todo juntos. Cuando Camila iba a comer helado. Cuando iba al parque. Cuando jugaba con sus muñecas. Siempre. Camilo estaba siempre a su lado.

Cuando Camila iba al colegio, él la esperaba ansioso dando vueltas dentro de su bolsa. Apenas ella entraba a la casa corría a su habitación a buscarlo. Se sentaba con el pecesito frente al marco de la ventana y le contaba su día sin perder detalle, sin importar cuanto tiempo tardaran en su monólogo.

Camila comenzó a crecer, pero nunca se alejó de Camilo. El tiempo los fue uniendo cada vez más.

Cada vez que peleaba con sus amigas. Cada que sus papás la regañaban. Cada uno de esos días en los que amanecía con ganas de llorar sin saber por qué. Cada que se sentía sola. Él siempre estaba allí para escucharla.

Un día, Camila le contó de Andrés, un amigo nuevo. Le dijo que creía estar enamorada de él, que la noche anterior había soñado que caminaban los dos cogidos de la mano y que eran novios. Le contó que Marcela, su mejor amiga, había escuchado a Andrés hablar con unos amigos, hablar de Camila, de lo mucho que a él le gustaba ella.

Camilo comenzó a sentir como si le faltara el oxígeno en su pequeña bolsa. Se sentía encerrado. Le dolía la impotencia de no poder salir de allí, de no poder ocupar el lugar de Andrés, aunque fuera en los sueños de Camila. Pretendió escucharla como lo hacía siempre. Ella pretendió no ver las lágrimas que salían de los ojos de Camilo. Nunca volvieron a hablar de Andrés.

Un día Camila llegó a casa llorando. Corrió a encontrarse con Camilo como lo había hecho hace muchos años y entre sollozos le pidió perdón por haber herido sus sentimientos. Le pidió perdón por haber ignorado su dolor y haber tomado la decisión de no hablarle de Andrés.

Le contó que Marcela había escuchado a Andrés burlarse de “Camila y su pez” con sus amigos. Cuando le preguntó al respecto, él no negó nada y le dijo que tenía que madurar, que no era normal que se la pasara hablando con una bolsa de plástico.

Camila lo defendió, le dijo que no era una bolsa de plástico, que era su mejor amigo. Y terminó con él.

Camilo no sabía que hacer. Quería que dejara de llorar, poder estar cerca de ella, hacerle sentir lo mucho que la quería. Acercó su cuerpo al plástico de la bolsa justo donde Camila tenía su mano. Sólo una delgada capa los separaba, nunca habían estado tan cerca.

Camila se acercó la bolsa a la boca y lo besó.

te quiero Cami

Camila tenía 11 años y ese fue el primer beso para los dos.

Desde ese día no hay nada que Camila le oculte. Desde ese día Camilo está tranquilo porque sabe que nadie nunca podrá ocupar su lugar.

Camilo, el pez amarillo.
Camilo, el pez de Camila.

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